Pasó Aurora hasta el enorme hall, convencida de que allí le ayudarían, pero eso pasaría mucho más adelante. Primero le pincharon algo en la vena que la dejó drogada y en una camilla la subieron a una habitación, en una sección cerrada por una puerta de cristal, donde compartía con otros enfermos cinco habitaciones, había una pequeña salita al fondo a la izquierda, este ala del edificio era tan pequeña... y cuando despertó encontró rejas en las estrechas ventanas y sintió claustrofobia. No se fijó en lo bonita que era la habitación y cómoda, en la limpieza de las sábanas, el baño de azulejos de tonos azules, chiquititos y cuadrados. Pensó cuánto tiempo estaría allí y sintió pánico. Ella estaba enferma, cierto, porque había sido maltratada por su propia madre, pero nadie quiso creer que ella la había atacado, que la había vendido al diablo desde su nacimiento, para ir al Cielo y que en su lugar la chica bajase al infierno, la pequeña Aurora, la Aurora grande.
Recordó el clavo negro de plomo y la cara amable y la energía de Sirenia. Todo eso pasaría en el futuro, ahora el viaje comenzaba, un viaje interior y una bajada a los infiernos y a todo su miedo, porque aún no había conocido a Sofía, todavía no conocía a Sirenia. Se sentía sola y desprotegida. Pero esto es una pequeña parte de su historia y de cómo se curó.
Como dije los seres que poblaban el sanatorio eran extraños. Algunos, como un esquizofrénico, alto y delgado y algo desgarbado le diría a Aurora que no estaba enferma y que los demás se darían cuenta; mientras, Aurora estaba en la sala de admisión, en espera que abrieran aquella puerta de cristal con un tablero de números. Se dedicó a marcar desesperada, como si pudiese adivinar la contraseña. Horas más tarde llegó un enfermero. Horas después de que llegasen su madre y su hermana.
Todo era posible en Desierto de Alma. Incluso que la chica se arrodillara buscando ayuda frente a la persona que había causado sus males, pero ya entonces Aurora sabía que algo no iba bien con ella ni con nada.
Secretos y más secretos se acumulaban en una historia de confianza y dolor. Hoy por hoy Aurora no quiere recordar su cara, la de su progenitora, aunque los recuerdos son difíciles de borrar. Sin embargo, milagrosamente, Aurora se desharía del amor que sentía y comenzaría una nueva vida. Puede que esta historia tenga un final feliz o que no haya acabado. De momento, en el ala del sanatorio mental, Aurora conocería a unas cuantas personas, que además le ayudarían con la enfermedad física que la aquejaba y de la que la chica padecía desde antes de cruzar el umbral, porque por aquel entonces, en el comienzo de este viaje a su interior, nuestra protagonista pasaba por un desierto, y léase en desierto dificultades dolorosas y en alma el interior de todos los estrangulamientos por los que estaba pasando y por los que había pasado, motivos por los cuales, los médicos le habían mandado a aquel lugar entre
los robles.
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