Era el Desierto de Alma tan extenso como fuese el viaje, y el viaje tan extenso como fuese el desierto. En los desiertos no hay mas que oasis y espejismos, y cierto es que Aurora se encontraría muchos de ellos, algunos espejismos y algunos oasis, pero no olvidemos que este es el Desierto del Alma y este el viaje de Aurora, de modo que la mujer no tardó más de una jornada en caminar y encontrar una puerta. Era una puerta dorada y terriblemente grande, sin muros alrededor y la mujer, sorprendida, llamó. Le abrió el carcelero del sanatorio en medio de aquel océano de arena. Ella desconocía de qué se trataba exactamente y de porqué los muros eran invisibles, las chimeneas retorcidas em el aire arriba, las ventanas cubiertas por cúmulos nimbos. En cuanto traspasó la puerta, pudo ver las paredes, grises como la ceniza. Viró la cabeza y vio que de la puerta dorada no quedaba nada y que era de oscuro metal. recordó las hermosas chimeneas de rayas horizontales y gruesas que alternaban el rojo cereza con el blanco. Aurora no tenía mucha idea de qué contenía el sanatorio, pero pronto lo descubría, así como los eres que pululaban y vivían allí.

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