En ese caballo cabalgaba Aurora con el cabello al viento. Y pensaba que la libertad del alma era hermosa y que pronto llegaría a Utopía, de donde había saltado en el pasado para matar a la Bruja. Pero no adelantemos acontecimientos, porque si bien es cierto que aún los ojos de Aurora lloraban solos, la mujer no miraba atrás ni pestañeaba ante los golpes del aire fresco.

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